| REPORTAJE A RUBEN CANO | ||||
| El centroforward volvió al amanecer | ||||
| Sentimiento Bohemio entrevistó a Rubén Andrés Cano, una de las figuras de aquel ya mítico equipo de Atlanta de 1973, con su juventud, goles y piques mortíferos. Con una importante trayectoria posterior en el fútbol español, tras casi un cuarto de siglo ha vuelto hace poco a radicarse en el país. En una extensa conversación repasó toda su historia deportiva, especialmente los gratos recuerdos que le dejaron cinco años en Atlanta. Se trató de un regreso a las fuentes y a las raíces; por eso nos despidió sugiriéndonos que próximamente podría hacerse socio del club. | ||||
| Nota: CARLOS A. STORTZ y EDGARDO IMAS. | ||||
| Producción: EDGARDO IMAS. | ||||
| Agradecimientos:
Fernando Sánchez, historiador de Atlético de Madrid, y Rafael Plaza, webmaster
de www.elchecf.com.
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en la escuela o en la plaza del barrio se destacaba como centrodelantero, y que, tras casi dos décadas de residencia en España, hace un par de años volvió a nuestro país. Del Viejo Continente trajo consigo muchas vivencias y recuerdos, y un pertinaz acento hispánico que nos acompañará durante las casi dos horas de charla, al igual que su locuacidad, amabilidad y claridad para expresarse. __Una vez instalados en su confortable oficina, decorada con muy buen gusto, la referencia a la situación es inevitable: "Sí, es cierto. Todo el mundo quiere irse para allá y yo, en cambio, me vine. Viendo como está todo ahora, el corralito, el dólar, realmente estoy arrepentido". Y agrega otra reflexión: "En la Argentina he encontrado que, lamentablemente, se han perdido valores que antes existían. Valores referentes a lo humano, la solidaridad". Lamentablemente, entendemos de qué se trata; por eso, tratamos de meternos de lleno en el fútbol, el leitmotiv de buena parte de su vida. -Rubén, ¿lo has visto a Atlanta últimamente? -No, hace mucho que no voy a la cancha. Una vez tuve un pequeño problema en el estadio de Atlanta, hace aproximadamente cuatro años, durante uno de los viajes míos a Buenos Aires. Y, realmente, me fui un poco dolido, pero no por revancha, ni nada de eso, sino porque de veras me da vergüenza volver; no sé si estarán los mismos directivos aún... -¿En qué sentido fue el problema? ¿Fue con algún directivo de entonces? -No sé cómo fue en realidad. Pero más o menos ocurrió de la siguiente manera: se enteraron de que yo había hecho uno de mis periódicos viajes desde España a la Argentina y me llamaron para comunicarme que el sábado, en ocasión de jugar Atlanta, me entregarían un trofeo. Les pregunté si podía invitar a algunas personas y me respondieron que no había ningún problema. De modo que invité a Pipo Rossi, a Baby Cortés; en total eran siete, todos ellos futbolistas excepto uno que se trataba de un pariente mío. La cuestión es que les permitieron el ingreso a todos menos a él y a mí. No nos dejaban entrar en la puerta, porque había un veedor de la AFA. Entonces, el tipo decía que no, que había que sacar la entrada. Yo no entendía nada; imaginate, venía de España. Sólo más tarde me comentaron que la entrada salía diez pesos; si me lo hubiesen dicho antes, habría comprado mi entrada y listo. Yo estaba pasando una vergüenza bárbara, pues todos entraban y miraban. Hasta que me cabreé y me fui. Después, uno de los chicos que había ido conmigo a la cancha me vino a buscar ya que sabía dónde estaba yo, en razón de que me había llevado al estadio en su coche. Entonces regresamos, me pidieron disculpas -una chica, creo que una empleada, fue la que habló conmigo- y me dijeron que ya se había solucionado todo. Estamos por entrar y otra vez la misma historia: "No se puede ingresar", y nuevamente la vergüenza y la bronca. Te reitero: yo no sabía que había que sacar entrada, después me lo explicaron ya que me llamaron por teléfono. Me lo hubieran aclarado y yo habría adquirido dos entradas generales, evitándonos todos un mal momento. Finalmente me marché y no volví más. __El homenaje sigue pendiente y no faltará oportunidad de tributárselo, ya que es alguien muy recordado y querido por la gente de Atlanta, de quien se sorprende por su presente futbolístico. "¿En serio me dicen que está jugando en la Segunda División B [equivalente en España a la Primera B Metropolitana] y con un promedio bajo para el descenso? ¡No se puede creer!", dice mientras arquea las cejas asombrado. En ese momento reconoce que hace no mucho, hojeando algunos viejos recortes y fotos, juntados por su madre, pudo de algún modo repasar lo que significó Atlanta en su vida y decidió hacer algún cuadro con un banderín y alguna foto para decorar la oficina.
De San Rafael a Villa Crespo __Rubén Andrés Cano nació el 5 de febrero de 1951 en San Rafael, una pujante ciudad del sur de la provincia de Mendoza. Desde muy joven empezó a jugar en Sportivo Pedal Club, afiliado a la Liga Sanrafaelina, hasta que pasó a actuar en la Primera de ese equipo y se consagró goleador durante dos temporadas. Ahí apareció el interés de Atlanta por lograr su pase. -¿Qué sentiste cuando te enteraste, a principios de 1970, de que existía la chance de venir al fútbol grande de Buenos Aires, concretamente a Atlanta? -El pase fue muy complicado. Yo ya había estado en Atlanta a prueba en 1966, cuando tenía 15 años, y me hicieron entrenar y cumplir la pretemporada con la Primera División. Yo me preguntaba cómo me podían probar haciéndome jugar a esa edad con el plantel superior del club, ya que ni siquiera actuaba aún en Primera en San Rafael, de donde había venido junto con dos hermanos, de apellido Rodríguez. Finalmente me dijeron: "Después te vamos a llamar", y todo quedó en una ilusión. Tiempo después, a principios de 1970, me llegaron dos cartas: una de Gimnasia y Esgrima La Plata y otra de Atlanta. Entonces yo tenía las dos opciones y no sabía bien qué hacer. Pero como la fecha de citación que me había dado Atlanta era posterior a la fijada por Gimnasia, decidí jugarme por los dos. Así me vine primero a Gimnasia, donde estaba Varacka en la dirección técnica, y como la Primera estaba haciendo una gira de pretemporada, me hicieron entrenar con la Tercera, donde hice desastres y anduve bárbaro. Sin embargo, debido a que me habían prometido que me llevarían a la pretemporada, me quedé con bronca y decidí llamar a los directivos de Atlanta, a quienes les informé que no iba a poder llegar en fecha por un problema familiar y que, en cambio, arribaría dos días más tarde. Así me fui de La Plata y llegué a Atlanta, donde me estaban esperando, y me pusieron a practicar con la Primera, que dirigía Victorio Spinetto. Justo el primer partido de pretemporada juego para Atlanta frente a Gimnasia. Grande fue la sorpresa de la gente platense, pues no sabían que yo estaba entrenando con Atlanta y pensaban que efectivamente había viajado a Mendoza porque tenía un inconveniente familiar, según les había dicho como pretexto para irme. Entonces Spinetto me prometió que quedaría en Primera División. Mi tío era el presidente de Sportivo Pedal, de modo que yo iba a tener la posibilidad de decidir dónde quería quedarme, que en definitiva sería aquella institución en la cual yo me sintiera más cómodo, al margen de cuánto pagaran. Y opté por Atlanta. Mientras tanto, los de Gimnasia seguían interesados, situación que yo desconocía. La cuestión es que una noche me "secuestró" Altamura [presidente del club]: me invitó a cenar y yo no sabía que se debía a que los de Gimnasia me estaban esperando en la puerta. Al día siguiente, por la mañana, ya me trasladaron de la pensión donde estaba viviendo a un hotel. Veinticuatro horas después tomamos el avión con el dirigente Slipak rumbo a San Rafael, adonde esa misma jornada también arribaron los de Gimnasia para negociar mi pase. Mi tío me preguntó: "¿Adónde querés ir?". "A Atlanta", le respondí. -Por lo que vino después y lo que vimos, no te equivocaste... Además seguiste el camino de otros dos mendocinos ilustres de la misma zona: Artime y Salomone. -En Atlanta estaba más cómodo, estaba el viejo Spinetto. Además, en Gimnasia se encontraba jugando en un muy buen nivel el hermano del Tano Onnis [Delio, centrodelantero], lo cual me hizo pensar que habría pocas oportunidades para mí. En cambio, en Atlanta iba a tener más posibilidades de jugar, pues ya se había marchado Jorge Fernández. Así es como finalmente me compraron y me incorporé al plantel mientras el equipo estaba disputando la Copa Argentina de ese año, aunque yo no jugué ninguno de los partidos que en San Luis y Santa Rosa (La Pampa) se llevaron a cabo por esa copa. -Para ese entonces, ya te habías recibido de maestro normal y estabas cursando la Universidad. -Sí, yo soy maestro pero nunca ejercí. Me había recibido un año antes. En cuanto a la Facultad, si bien hice el curso preuniversitario para ingresar a Arquitectura, no pude continuar pues justo me vine a Buenos Aires a jugar. -Y llegó el día del debut. Primera fecha del torneo Metropolitano 1970, Atlanta visitaba a Quilmes. Ni en sueños se podría dar algo así: ganó Atlanta 5 a 3 y vos señalaste tres goles en los primeros minutos del partido, entre ellos el primero del certamen. -El debut fue increíble porque yo en esos primeros días no era todavía titular. Pero el Chino Vallejos y Savino estaban lesionados, y don Victorio se la jugó y me puso de titular a mí. Y salió bien: le hice tres goles a Fillol, que luego salió lesionado. Después no convertí más durante todo el torneo, aunque en el segundo encuentro, frente a Racing, marqué un tanto muy bonito pero me lo anularon. -Estuviste 27 partidos alejado de la red contraria, hasta un partido con San Martín (San Juan), en el Nacional de 1970, cuando cobraron un penal a favor de Atlanta con el encuentro ya definido, 3 a 0, y la gente pedía que lo patearas vos. -Sí, claro; a ver si lo metía, porque venía errando muchos goles. Por suerte, pude convertir ese penal. -Ahora bien, en 1971 ya tuviste una campaña muy buena, y terminaste siendo el goleador de Atlanta con 15 goles. -Efectivamente, ya estaba más centrado. Al principio estaba muy nervioso y, encima, veía que no hacía goles, pero ya en el segundo año anduve muy bien. Ese torneo fue inolvidable pues nos salvamos del descenso frente a Los Andes en la última fecha en Villa Crespo, ya que en caso de haber perdido hubiéramos descendido. La temporada siguiente, 1972, fue un año durante el cual también estuvimos medio flojos... -No tanto. Fue un año importante pues debutaron o se consolidaron en Primera muchos de los que participarían en la gran campaña de 1973. A propósito, ¿de quién creés que fue la responsabilidad mayor de ese equipo que protagonizó la mejor campaña de Atlanta en Primera A de toda la historia en el Nacional de 1973? ¿De Pipo Rossi o el Pocho Betinotti? -Para mí, ambos directores técnicos fueron igualmente responsables. Pero la verdad es que se conformó un gran plantel, teníamos un equipazo, tanto es así que luego se vendió una cantidad impresionante de jugadores. Aparte de Pipo Rossi, el Pocho venía dirigiendo a muchos de esos jugadores desde las inferiores: el Baby Cortés, Pichón Rodríguez, Héctor López, Palito Candau, el Tano Onnis, el Ruso Ribolzi, Cerqueiro, o sea, que había una base que luego la recibió Pipo Rossi. Y se concluyó en un gran grupo, equilibrado: con juventud y con gente mayor que aportó experiencia, como Carballo, Rico, Gutiérrez y el mismo Gómez Voglino, que ya había jugado antes en Chacarita. Independientemente de esto, te repito: teníamos un gran equipo. Podríamos haber salido campeones si no nos hubieran robado aquella noche frente a San Lorenzo, en aquel partido de la rueda final en que echaron a Cortés y a mí me amonestaron, lo cual me impidió jugar el encuentro siguiente frente a Rosario Central, cuando también lo expulsaron al Negro Ibáñez. Incluso me acuerdo de que estábamos 0 a 0, y cuando faltaban dos minutos, me escapé solo y me perdí el gol del triunfo ya que tiré la pelota afuera. Pero, indudablemente, nosotros estábamos para ganar. -Tras clasificarse primeros en la zona, luego de la memorable goleada ante Gimnasia y Esgrima de Jujuy, ¿ustedes pensaban realmente que podrían consagrarse campeones del Nacional en aquel cuadrangular final frente a equipos tales como River Plate, San Lorenzo y Rosario Central? -Sí, sí. Estábamos plenamente convencidos de que a San Lorenzo y a Rosario Central los superábamos. Teníamos algunas dudas con River. Finalmente salió campeón Rosario Central, a pesar de que el fixture de la ronda final no lo había favorecido tanto pues debió jugar dos partidos en Buenos Aires. Lástima, pues, reitero, teníamos un equipazo. -Sí, los que lo vieron jugar aún siguen recitando, a pesar del tiempo transcurrido, la formación de memoria de un tirón, y cuentan aún a las nuevas generaciones detalles de ese inolvidable equipo. Incluso la calidad de juego fue reconocida hasta por el mismo Miguel Brindisi, quien, en un reportaje que hace pocos meses le hizo un matutino, señaló que todo el mundo recuerda de 1973 a Huracán por su fútbol, pero que ese año también hubo otro gran equipo que jugaba muy bien a la pelota, y era Atlanta. Luego vino el Metropolitano 1974, el último certamen que disputaste con la camiseta bohemia. -Sí, se pudo mantener casi el mismo equipo, pero no se dieron los resultados. -A principios de 1973 los hinchas creíamos que ya no íbamos a poder contar más con tu presencia en el primer equipo. Los diarios ya daban como un hecho tu transferencia al Standard Lieja, de Bélgica. Incluso, Atlanta había comprado un centrodelantero para reemplazarte, el uruguayo Walter Omar Rey, cuya adquisición finalmente fue anulada. -Sí, la transferencia esta prácticamente hecha, pero desde mi llegada a Lieja las cosas no fueron fáciles. Me tuvieron quince días encerrado, el primer equipo no estaba, y yo me quedé entrenando con la Tercera. Finalmente les dijimos: "O pagan o nos vamos". Y nos terminamos yendo. Quisieron probarme en un partido. Y así lo hice: entré, nevaba, un frío bárbaro; encima el partido era con el Santos de Pelé, y yo no la agarraba, pues mis compañeros no me conocían. De modo que me hice el lesionado, me vestí y rajamos. Ya tenía las valijas preparadas, y esa misma noche viajamos de Lieja a Bruselas y tomamos el avión de regreso. -¿El tema de la violencia cómo lo vivían? ¿Sufrían agresiones cuando iban, por ejemplo, a la cancha de Chacarita? -Personalmente no recuerdo nada, por lo cual supongo que no habrá ocurrido algo muy importante en ese aspecto. Sí sé que había violencia entre las hinchadas. Me acuerdo especialmente de un partido frente a Rosario Central, en cancha de Atlanta, que fue una guerra. -A lo largo de los años, ¿continuaste viéndote con los jugadores de aquel gran equipo? -Durante 23 años estuve radicado en España. Nos veíamos, aunque no todos los años. Ello se debía a que a mí a veces me daban permiso en Navidad y sólo venía por cinco días, con el tiempo justo únicamente para visitar a mi familia. Además, las vacaciones en España coincidían con el invierno de la Argentina, y en esta estación no me daban a veces ganas de venir al país. Entonces pasaban cuatro o cinco años para que nos pudiéramos juntar. Nos reuníamos en la casa del gordo Bartfeld; él se enteraba de cuándo llegaba yo y llamaba a todos los que podía. Generalmente hacíamos algún asado. Con quienes más relación mantuve es con el Ruso Ribolzi -anteayer estuve comiendo con él-, con Pichón, aunque ahora hace un tiempo que no lo veo. -¿Y con Gómez Voglino? -Juan estaba en Bogotá, Colombia, con una actividad ligada al fútbol, una escuela de fútbol o algo similar. Realmente ignoro si volvió o no. Hace cerca de tres o cuatro años que no lo veo. -En 1974 fuiste convocado para la Selección Nacional, que dirigía Vladislao Cap, pero no llegaste a jugar ningún partido internacional, lo cual finalmente te permitió años más tarde, al adoptar la ciudadanía española, integrar el equipo nacional hispano. -Fui convocado para participar en todo el período previo al Mundial de 1974, que se jugó en Alemania. Cuando se enteraron de ello, enseguida gestionaron en mis pagos la presentación de la Selección en San Rafael, para jugar un amistoso frente a Sportivo Pedal. Era el primer partido de una gira del equipo nacional por todo el país. Ahí tuve la mala suerte de lesionarme, lo cual me impidió estar en los amistosos siguientes. Después sólo pude jugar algunos minutos en dos partidos. Finalmente, llegó ahora la designar la lista que iría a hacer una gira por Europa semanas antes del Mundial, y yo quedé afuera, junto con jugadores como Bertoni, Potente y otros. |
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Goles históricos y goles mediáticos __Manteniendo siempre su humildad y amabilidad, Rubén Cano se maravilló con los datos estadísticos que le alcanzamos. Observó cómo sus 47 goles lo ponían en el decimocuarto lugar entre todos los artilleros de la historia profesional bohemia, aunque él no se consideraba un goleador al estilo Artime. También lo sorprendieron las muchas conquistas obtenidas por Candau, hasta que le recordamos que Palito se había quedado varios años más en Atlanta, hasta 1977, lo cual le permitió totalizar un número de partidos mayor. Asimismo, Cano les prestó atención a los goles marcados por sus coterráneos Artime y Salomone, ambos con muy pocas conquistas de diferencia (50 y 44, respectivamente). -En el puesto de número 9 fuiste el segundo en la historia, después de Jorge Fernández, a quien vos precisamente reemplazaste cuando él se fue a jugar a Colombia. -Sí, yo vine después. Yo tampoco era muy, muy punta en Atlanta. Yo jugaba y me movía por todos lados. Años más tarde, en Atlético de Madrid, ya actué de punta directamente. -De todos los goles que hiciste, ¿cuál recordás con más cariño o como el más importante? -Yo creo que los dos que le hice a Los Andes, el día que nos salvamos del descenso, como comentamos antes. Veníamos muy presionados durante todo el año. Zoff, que era el entrenador, prácticamente nos hizo concentrar desde junio hasta que terminó el Campeonato. Estuvimos en Córdoba y después, todas las semanas de jueves a lunes, si mal no recuerdo, en el club Teléfonos, en Vicente López. Por eso, me acuerdo especialmente de esos dos goles a Los Andes; fueron un desahogo y la salvación de Atlanta, que luego derivó en el resurgimiento ya con la aparición mencionada en la Primera de todos los pibes que venían de abajo. -¿Y los goles a Boca, a River? ¿No tenían una significación especial, ya que generalmente eran televisados? Por ejemplo, el que le hiciste a Rubén Sánchez en el arco de Muñecas, en 1972, el día que debutó Betinotti y le ganamos nada menos que a Boca, luego de un comienzo muy flojo. -Te digo la verdad: los goles a Boca y a River, en ese momento, te suponen muchísimo más orgullo pues salís en la televisión, en "El Gráfico", pero es el lunes, el martes y después nada más. En cambio, al cabo del tiempo, los goles que uno recuerda son los más importantes, los que definen algo, los que te han dado alguna satisfacción personal por su carácter decisivo. -Vos les hiciste goles a los cinco equipos grandes y a quien más tantos le convertiste es a Gimnasia y Esgrima La Plata. -¿En serio? ¡Qué casualidad! Yo pensé que a Argentinos o a Chacarita, pues a estos dos siempre les hacía goles. -De todos los delanteros que te acompañaron, Savino, Cerqueiro, Mastrángelo, Candau, Ibáñez, ¿quiénes fueron los que más te abastecieron? -No es por quedar bien, pero todos. En serio, porque a mí Candau me encantaba. También Ibáñez; me encantaban los huevos que tenía. Cerqueiro había días en los que te volvía loco. Juan [Gómez Voglino], desde ya. A su vez, el Ruso Ribolzi y el Tano Onnis eran jugadores como para River o la Selección argentina; de hecho el Ruso pasó luego a Boca. Tengo muy buenos recuerdos de todos los chicos que jugaron al lado mío. Por eso, insisto, en que esa campaña de 1973 no fue suerte, sino un trabajo de un montón de años de esos pibes. En un equipo es muy difícil que coincidan siete u ocho jugadores que hayan venido jugando desde divisiones inferiores y que posean un nivel alto. Cuando eso se da, significa seguramente una buena campaña. Es más, si Atlanta hubiera sido un club grande, con posibilidades de mantener ese plantel, tarde o temprano íbamos a ser campeones con seguridad. En los dos años siguientes fueron vendidos muchos jugadores: Carballo, López, Rodríguez, Ribolzi, Tano Onnis, los tres que nos fuimos a Elche. |
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La legión bohemia en España __En junio de 1974 Rubén Cano firmó para el club español Elche. En ese momento comenzó la segunda gran etapa futbolística de su vida, que lo llevaría a radicarse en España y a jugar en uno de las más grandes instituciones de la península y en el seleccionado hispano. Cano llegó a Elche acompañado por otros dos jugadores transferidos por Atlanta: Gómez Voglino y Cortés. A su vez, el director técnico del equipo español era Pipo Rossi. En Elche el mendocino rindió en buen nivel. -Una vez en España, ¿qué diferencia encontraste con el fútbol argentino, por ejemplo, física y técnicamente? -Físicamente, no; era muy parecido. Lo que más nos llamó la atención entonces es que en el fútbol europeo tenía mucho valor la condición de local. Aquí no existía tanto eso; jugábamos en la cancha de Atlanta, pero también podíamos perder o ganar, por ejemplo, en la de Argentinos, salvo que jugaras en la Bombonera o en Rosario, donde te apretaban un poco. Allí no era así: la visita de Elche a Granada significaba que no nos metieran cinco, sólo dos. -Seguramente ello ocurría sólo con Elche u otros equipos chicos, ¿no? -Por supuesto, con los grandes no tanto, aunque el empate lejos de casa era incluso muy valorado. Si Atlético de Madrid empataba en la cancha de algún club chico, era aun importante. -¿Y respecto de la organización del fútbol? -Sí, obviamente, existían diferencias. Sólo las pude apreciar cabalmente en Atlético de Madrid. Elche era un poco como Atlanta, pero Atlético era otro mundo. Una diferencia muy importante y fundamental se da en la relación entre los clubes y la federación. Allí hay una asociación de clubes que defiende los intereses de los clubes en lo que a distribución de dinero se refiere, por ejemplo, los derechos de la televisión. La federación sólo se ocupa de la actividad de la Selección Nacional, de la organización de la Liga y del tribunal de disciplina. Por el contrario, en la Argentina no existe una asociación de clubes y la AFA, en donde está instalado desde hace muchísimo tiempo Grondona, es la que maneja toda la cuestión del dinero, tema que debería discutir una asociación de clubes de fútbol. -¿Y en cuanto al pago de los salarios? En Atlanta no habías tenido problemas en ese sentido, o al menos en la dimensión en que sucede en la actualidad. -A veces sí, pero no era demasiado, el atraso no superaba los dos o tres meses. En cambio, en España no existía ese tipo de inconvenientes. -Cuando te compra en 1976 Atlético de Madrid a Elche, había otros clubes importantes interesados por ti: Zaragoza, Barcelona, Valencia. -Barcelona había comprado al Lobo Diarte a Zaragoza, de modo que éstos eran los más interesados por mí. Ambas instituciones habían hablado conmigo, pero no el club madrileño. Sin embargo, un día yo estaba de vacaciones en una playa de Elche y a las dos me localiza un directivo, quien me comunica que me habían vendido y que a las cinco nos íbamos a Madrid. Me cambié y me marché. A mí me convenía, pues cuando fui a Elche, necesitaba un tiempo para nacionalizarme español. Me habían querido apurar los papeles y me hablaron de Paraguay. Pero yo dije: "No, no voy"; primero porque mi padre es español. Además yo ya había cumplido 23 años y parece ser que al cumplir esa edad uno pierde el derecho a opción. Mi hermano tenía 22 años, y cuando el consulado nos informó esto, le dije que sacara él el pasaporte, de modo que se lo dieron a él y a mí no. Entonces, Baby Cortés, Juan y yo tuvimos que ir, pero sólo eran dos extranjeros, y Pipo se decidió por Juan y por mí. Entonces ellos querían que yo me nacionalizara, y yo les puse una cláusula contractual que fijaba que para nacionalizarme quería el 15% del pase, que no existía aún en España por aquellos tiempos. Me vendieron en bastante dinero para la época, unas 35 millones de pesetas, es decir, aproximadamente 700.000 dólares. Era un vagón de dinero lo que quedaba para mí: yo hacía los cálculos de cuánto representaba el 15% de 35 millones de pesetas y nunca iba a decir que no. Y siempre me lo reconocieron, aunque yo me enteré después, pero nunca pude comprobarlo, de que me habrían vendido por más dinero que los 35 millones que hicieron figurar, supuestamente para que ese 15% fuera menos. De todos modos a mí me interesaba igual: el sueldo en Atlético cuadruplicaba lo que ganaba en Elche, más los premios y el hecho de pasar a un club como Atlético, que tenía verdaderamente un equipazo, y la posibilidad de participar en competencias europeas. -La primera temporada que estuviste en Atlético de Madrid, 1976/77, el club salió campeón de Liga y vos convertiste muchos goles. En realidad, sos el sexto goleador de la historia de ese club. -No lo sabía. Ya había marcado tantos en Elche. En Atlético, los tres primeros años fui el goleador del equipo. La primera temporada, el goleador de la Liga fue Mario Kempes. Nosotros ya habíamos salido campeones en el penúltimo partido en Madrid, y en la jornada final jugaban Atlético-Valencia, con todo ya definido y el festejo del campeonato. Lo único que se disputaba ese día era quién se consagraría goleador de la Liga: Kempes o yo. Ellos ganaron, y Mario convirtió los dos tantos y obtuvo el Pichichi [trofeo que se le otorga al artillero máximo de la temporada]. Yo hice muchos goles porque en Elche jugaba igual que en Atlanta: corría por todos lados, sin estar adentro. Atlético tenía un goleador nato como Gárate, al Ratón Ayala, a Leivinha. Pero el Ratón no quería jugar de punta y Leivinha tampoco lo era. Los únicos puntas éramos Gárate y yo; sin embargo, éste se lesionó y ahí quedé yo solo arriba. En aquella época jugábamos mucho al contragolpe total: todos atrás y pelota arriba. El Ratón cada vez se tiraba más atrás, y Leivinha, que era un pedazo de jugador y actuaba también un poco de punta, también se volcaba hacia atrás. De modo que normalmente jugábamos: yo como punta adelante y sin hacer grandes esfuerzos como había hecho en otros equipos, Leivinha un poco atrás y el Ratón, que daba vueltas por todos lados. Así fue como pude empezar a hacer muchos goles, pues estaba solo arriba. Mirá lo que es el destino: mi primer partido en Atlético es precisamente ante Standard Lieja, y ganamos 3 a 0, con dos goles míos. Después vamos a cenar todo el equipo, con los directivos y estaba justo en el restaurante monsieur Petit, el presidente del club belga, que no me había querido comprar, y el director técnico Se agarraban la cabeza: "Pensar que no lo compramos". -Esa buena cantidad de goles motivó tu convocatoria a la Selección española y que quedaras en la historia grande del fútbol hispánico, pues hiciste el gol que permitió la clasificación para el Mundial 78 en la Argentina, en aquel seleccionado que dirigía técnicamente Ladislao Kubala. -Sí, fue en 1977, con Yugoslavia. España había quedado afuera en los dos Mundiales anteriores tras jugar con ellos en el mismo grupo las eliminatorias en 1970 y 1974, cuando clasificaron Bélgica y Yugoslavia, respectivamente. En 1978 nos volvió a tocar con los yugoslavos, además de con Rumania, y el último partido, decisivo, se llevó a cabo en Belgrado. Ganamos 1 a 0 con un gol mío y clasificamos. Además, en la Argentina todos querían que se clasificara España para el Mundial. Yo me acuerdo de que el Gordo Muñoz transmitió todos los partidos de nuestro grupo eliminatorio. -La gente le daba mucha trascendencia, fundamentalmente la inmensa colectividad española. -Cuando llegamos acá fue tremendo el recibimiento. Yo jugué el primer partido en Vélez; después me enfermé y no jugué en Mar del Plata aquel partido que empatamos 0-0 con Brasil en que Cardeñosa erró un gol que los podía haber dejado afuera a los brasileños, tampoco el tercero frente a Suecia. -¿Cómo se vivía en Europa el tema de la disputa del Mundial y la situación política y el régimen dictatorial imperante entonces en la Argentina? -Realmente yo te digo que no estaba muy al tanto. Yo sólo quería venir y jugar. Me acuerdo de que a un año del Mundial todavía tenía intenciones de jugar para la Argentina, pues sabía que iba a jugar seguro la Copa del Mundo por ser país organizador; en cambio, con España primero me tendría que clasificar. De manera que en un viaje que hizo Menotti estuvimos hablando y me dijo que le podía interesar que yo jugara pero que no me podía asegurar nada. Entonces ahí decidí jugármela por España y me salió bien. El recibimiento, decía, fue muy bueno, pero lo más triste fue el lugar donde nos concentraron, en La Martona, una estancia en Cañuelas, que la habían pintado y acondicionado para nosotros. Era lejísimos, estábamos aislados del mundo, lo cual no era tan malo, pero, sumado a que no estaba todo muy bien acondicionado y los problemas con la comida, todo provocó un malestar muy grande en el plantel con Kubala, con los que habían elegido el sitio. El primer partido con Austria, creo que nos confiamos, nosotros teníamos mucho más equipo que ellos para ganarle. Yo creo que el descontento que hubo y el hecho de confiarse que con un triunfo ante Austria o Suecia y un empate ante alguno de los dos ya estábamos clasificados, fueron la causa de nuestra eliminación. Si en lugar de perder con Austria, hubiéramos caído ante Suecia, posiblemente habríamos clasificado nosotros, pues ellos no habrían arreglado el empate ante Brasil, en un partido al que ninguno le interesaba perder, pues el que era derrotado se quedaba abajo. -Luego de Atlético de Madrid, en 1982, ¿cómo es que pasás a jugar a Tenerife en la Segunda B, es decir, en la segunda categoría del Ascenso, luego de una brillante campaña en el primer nivel del fútbol español y europeo? -En Atlético de Madrid yo tuve un problema con la renovación del contrato. Me dijeron: "O renovás contrato o te dejamos libre". Era junio de 1982; tenía una oferta muy importante de México, no me quisieron pagar el dinero y me dejaron libre. Yo ya había declarado públicamente que era increíble que no me reconocieran los años en los que había ganado poco. Sin embargo, en México hubo una devaluación muy grande y me comunicaron que ya no me podrían pagar lo que me habían ofertado antes. Así pasó el tiempo, no enganché con nadie y el Campeonato empezó. Estuve así hasta diciembre, cuando me vine aquí a pasar la Navidad. De regreso en España, en los primeros días de enero me llamaron de Tenerife y me ofrecieron lo mismo que estaba ganando en Atlético de Madrid por medio año. Imaginate, pasar a jugar de Primera a Segunda B; Tenerife estaba cuarto o quinto y llegué yo y anduve bien: hice 17 goles en medio torneo y ascendimos a Segunda A. Me quedé tres temporadas más. -Luego terminaste en Rayo Vallecano, último club de tu carrera como futbolista. -El presidente que había en Tenerife era de terror: no nos pagaba, nos mandaba cheques sin fondos. Un día nos encerramos con todo el equipo para presionar al presidente y a mí me tomó como el cabecilla, aunque yo ya estaba hecho y me quería ir sin soportar ese tipo de inconvenientes. De modo que planteé la rescisión del contrato. Llegué a Madrid y yo tenía amistad con el uruguayo Héctor Núñez, el entrenador de Rayo y ex director técnico del seleccionado uruguayo, quien me llamó, a los 34 años, para que fichara para Rayo Vallecano. Así jugué un año en Segunda División A con él, y me volvieron a renovar otro año. Pero yo ya venía con problemas en el hombro, que se me salía frecuentemente, a pesar de que ya me había operado. En febrero me contactó Jesús Gil, quien me solicitó que lo ayudara en su intento por ser presidente de Atlético de Madrid. Entonces fui al presidente de Rayo, y le manifesté mis deseos de rescindir pues entraba a la cancha y a los treinta segundos se me salía el hombro. -Ahí fue cuando empezaste esa relación con ese personaje controvertido y polémico. -Yo con él tuve muy buena relación. Era un tipo problemático de cara a la gente, al periodismo. Decía lo que pensaba, la forma en que lo hacía. Pero yo con él siempre estuve bárbaro. Incluso, cuando me marché, él no quería que yo me fuera. Sin embargo, yo ya estaba cansado: había ingresado en 1987 y estuve hasta 1994. Me desempeñé como secretario técnico de Atlético de Madrid, es decir, el que llevaba toda la parte de fútbol -de Primera y de divisiones inferiores-, y por encima tenía un director general. Como Jesús era muy problemático y había tenido muchos roces con la prensa, también se empezaron a meter conmigo. Yo nunca fui reacio con la prensa, pero como a Jesús no lo podían voltear, empezaron a hacerme campañas muy fuertes en mi contra, con mentiras. A mí me dio mucha bronca toda esa situación, y yo les salía a contestar. Finalmente me cansé y le dije a Jesús que me iba. Ya había largado en 1991 y me había vuelto a llamar. -¿Sentiste algún tipo de discriminación en España por ser sudamericano? -No, no. Yo tengo muchos amigos vascos, encantadores. Pero cuando uno iba a jugar al País Vasco, empezaban con "indios fuera", pero no con nosotros sino con todos. De todos modos, era una guerra deportiva pero no racial. |
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Alejado y cansado del fútbol
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Los últimos tres o cuatro años que estuve en España hice intermediación y representación de jugadores. Después ya decidí venirme para aquí, sobre todo por problemas familiares: mi padre falleció y mi madre se quedó sola con mi hermano, y no quería dejarle a él toda la responsabilidad. Entonces todos me conocían y quise hacer intermediación, pero el primer año todos me pasaban por arriba: yo les hacía los contactos y de diez jugadores que yo hablaba, cinco terminaban en España, y después me llamaban de España avisándome que habían firmado. Entonces un día dije: "Para el que no me firme, no levanto ni el teléfono". Había muchos gastos de teléfono, entonces el uso de Internet no estaba muy extendido, y te pasaban por arriba. Por eso terminé asqueado del ambiente futbolístico, pero me gusta ver partidos. -¿Vos sos simpatizante de Racing? -Cuando uno se hace profesional se pierde eso. Pero si juegan Racing-River, quiero que gane Racing, pero no me voy a matar con nadie por eso, ni si me cargan porque fue derrotado. En definitiva, soy hincha de Racing, pero cuando llegué a Atlanta desde Mendoza era muy fanático, de aquellos que lloran y que saben sobre todos los jugadores. Incluso, cuando dejé Atlético de Madrid, tuve una oferta de Racing, que finalmente no se concretó. -Tuviste suerte. Fue el año en que Racing se terminó yendo al descenso. ¿Es verdad eso de que el profesional pierde el fanatismo? ¿No es un verso para el periodismo? -No, te aseguro que es así. Cuando jugaba para Atlanta sólo quería ganar, no me acordaba de quién era el rival. __Rubén Andrés Cano, el mismo lungo, patilargo, que hace treinta años enrojeció nuestras gargantas de gritar sus goles, nos despidió con la misma calidez con la que nos había recibido. Nada menos que treinta años. Cuando estos cronistas rememoran aquel tiempo, los goles a Boca, a River, a Chacarita, no pueden menos que sufrir un escalofrío. El recuerdo de los buenos tiempos bohemios. Aquellos de los que Cano, entre otros, fue responsable y protagonista.
Rubén Cano en números
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Nombres y apellido: Rubén Andrés Cano Estudios cursados: maestro normal. Estudios universitarios incompletos en la Facultad de Arquitectura, en Mendoza. Trayectoria
deportiva: en la Argentina:
El equipo al cual más goles le convirtió es Gimnasia y Esgrima La Plata, con 8; le siguen Chacarita Juniors y Argentinos Juniors, con 5; River Plate, Estudiantes (La Plata) y Quilmes, con 3. Les marcó tantos a los cinco clubes grandes argentinos. En tres oportunidades -dos de ellas en el viejo estadio cervecero- convirtió tres goles en un partido: Quilmes 3-Atlanta 5 (Metropolitano 1970), Gimnasia y Esgrima La Plata 1-Atlanta 4 (en cancha de Quilmes, Reclasificación 1972) y Argentinos Juniors 3-Atlanta 5 (Nacional 1973). " Fue el goleador de Atlanta en el Metropolitano 1971, con 15 tantos en 36 partidos. Tuvo asistencia perfecta en el Torneo Metropolitano 1971, con 36 presencias. Atlanta abonó a Sportivo Pedal Club (San Rafael) $3.500.000 por su pase y la recaudación de un partido amistoso, que se jugó el 15-8-1970 en esa ciudad mendocina y que concluyó con un empate 0-0. Participó del equipo bohemio que en febrero de 1971 obtuvo la Copa "Juan Eduardo Cyterszpiller", donada por Argentinos Juniors y que estuvo en juego mediante un cuadrangular en el que participaron Atlanta, Gimnasia y Esgrima La Plata, Ferro Carril Oeste y Argentinos Juniors. Trayectoria en la Selección argentina: Convocado por el cuerpo técnico que encabezaban el director técnico Vladislao Cap y el preparador físico Jorge Kistenmacher, integró la Selección Nacional durante el período previo al Mundial 1974, que tuvo lugar en Alemania occidental. Sin embargo, no jugó ningún partido internacional oficial, tanto por certámenes como amistosos, lo cual le permitió años después integrar el equipo nacional hispano tras adoptar la ciudadanía española. Si bien estuvo en la lista de 40 jugadores que era obligatorio presentar ante la FIFA 45 días antes del inicio del Mundial, a último momento quedó fuera del plantel argentino que afrontó la gira europea previo a la Copa del Mundo y que posteriormente disputó el máximo certamen internacional en tierras germanas. Disputó tres partidos amistosos frente a equipos y combinados del interior del país, sin convertir tantos: 13-3-1974, Sportivo Pedal Club 1-Selección argentina 2, en San Rafael (Mendoza). 3-4-1974, Atlético Tucumán 0-Selección argentina 2, en San Miguel de Tucumán. 17-4-1974, Combinado rosarino 3-Selección argentina 1, en Rosario (Santa Fe). Es el último jugador de Atlanta convocado para una Selección mayor, si bien Osvaldo Cortés es el último futbolista bohemio que jugó un partido oficial con la blanquiceleste (en 1973, en La Paz, por Eliminatorias del Mundial 1974). Trayectoria en España: Clubes:
Una vez retirado, permaneció entre 1987 y 1993 como secretario técnico de Atlético de Madrid y hombre de confianza del presidente Jesús Gil y Gil.
Ultimo partido como internacional: 26-9-79, en Vigo (España), amistoso, España 1-Portugal 1. Logró el tanto con que en Belgrado, el 30-11-77, España venció a Yugoslavia 1-0, lo cual significó la clasificación para el Mundial 1978 en la Argentina. Integró el plantel español, dirigido por Ladislao Kubala, que disputó el Mundial 1978, en el que Cano jugó un solo partido (Austria 2-España 1, en Vélez Sarsfield, el 3-6-1978). Asimismo, es uno de los dos argentinos que jugaron un Mundial para la Selección española, junto con Juan Antonio Pizzi (Mundial 1998 en Francia). Otros compatriotas, como Alfredo Di Stéfano y Roberto Martínez, también integraron el seleccionado hispano, aunque no participaron con ese equipo nacional en el máximo certamen internacional de la FIFA. Finalmente, es uno de los dos futbolistas que pasaron por Atlanta y jugaron un Mundial para seleccionados de otros países. El otro es el uruguayo José Leandro Andrade, campeón del mundo en el Mundial 1930 con la escuadra oriental y que tres años después llegó a Atlanta.- |
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